Por Jordi Vilagut (Barcelona)

En la cultura reside la clave principal para la transformación de las empresas y para alcanzar su excelencia. Así se resume la brillante conferencia del economista, empresario, consultor y escritor Alex Rovira, «Creer, Crear, Lograr» para la apertura de la Plataforma de Negocio de Peldaño, que concentra en Barcelona Contact Forum, Security Forum y Tecnohotel Forum, tres eventos sectoriales que comparten espacio en el Centro de Convenciones Internaciona lde Barcelona (CCIB), los días 28 y 29 de mayo. 

«Asistimos a un nuevo Renacimiento»

En una sala abarrotada de público, Rovira hizo una excepcional exposición trufada de alusiones a filósofos y subrayó que «asistimos a un nuevo Renacimiento, con la diferencia que aquel episodio que se desarrolló básicamente en la Toscana ahora es global». El ponente apeló a la necesidad de «combinar la tecnología emergente con las capacidades, el talento, la formación y la educación, donde concurren tanto los valores como la cultura».

«No puede haber transformación sin excelencia», manifestó Alex, para quien ésta solo puede alcanzarse a través de brindar calidad de manera sostenida en el tiempo; una calidad que exclusivamente se logra con compromiso, el cual solo es posible con confianza. 

Recuperar la magnanimidad

Para el conferenciante, «en el proceso de transformación concurren la mirada apreciativa, el Efecto Pigmalión y la profecía autocumplida». Rovira reclamó la necesidad de recuperar la magnanimidad; incluso la longanimidad, vocablo que apela a la generosidad, a la benignidad y a la clemencia «y cuyo desuso y olvido constituye un síntoma de lo que nos ocurre en la sociedad». En este sentido, acudió a una célebre frase de Oscar Wilde recordando que «el egoísmo verdaderamente inteligente consiste en procurar que los demás estén muy bien para que, de este modo, uno esté algo mejor».

Alex recurrió a continuación a contar la historia de Kenzaburo Oé, premio Nobel de Literatura cuya vida atesora un episodio tan estremecedor como ilusionante. El escritor japonés, tras saber que el feto que gestaba su esposa presentaba serias lesiones cerebrales, decidió darle una oportunidad a ese futuro hijo. Decidió bautizarle como Hikari, que significa «luz», y decidió centrarse en estimular sus habilidades más que en lamentarse por sus carencias. Fue así que, a los siete años, detectó que Hikari repetía con precisión el canto de los pájaros. No solo eso sino que sabía identificar perfectamente cada especie.

Convertido en el autor que más música clásica vende en Japón

Ante ese interés ornitológico, que contrastaba con las graves deficiencias que presentaba su hijo, el literato optó por contratar a una profesora de música, a la cual le sugirió que simplemente ejecutara al piano piezas clásicas; mayoritariamente Mozart. Cual fue la sorpresa de la profesora cuando, seis años después, Hikari le sorprendió con una partitura que había compuesto él mismo. Incrédula, comprobó que el adolescente había compuesto varias y de una excelente calidad. En la actualidad, Hikari es el autor que más música clásica vende en Japón.

«Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser», dijo Alex Rovira, rememorando a Johann Wolfgang von Goethe e invitando a la reflexión acerca de lo que había conseguido Kenzaburo Oé con su hijo. El ponente complementó este sabio apunte con otra frase, en esta ocasión de Antoine de Saint Exupery; «Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor».

La Teoría de la Indefensión

Alex quiso ejemplificar esa capacidad de lucha con un experimento llevado a cabo por el profesor de Neurociencia de la Universidad de Edimburgo Richard Harris y que ha dado lugar a la Teoría de la Indefensión. Para ello, sumergió a unos conejos en sendas piscinas enturbiadas con leche (para dar opacidad al fondo). En una, incorporó unos montículos que permitían a los roedores mantenerse a flote sin tener que nadar. Los que no contaban con esos apoyos, nadaban incesantemente hasta la extenuación. Antes de fallecer, eran rescatados.

Posteriormente, se situaba a todos los conejos en la misma piscina, la que carecía de montículos. El experimento permitió constatar que los mamíferos que anteriormente habían gozado de apoyos nadaron el doble que el resto, al buscar esos montículos. Los otros, en cambio, se rindieron. «¿Somos puntos de apoyo?», preguntó Alex Rovira a los presentes, apelando a los empresarios al necesario liderazgo de sus equipos, incluyendo el soporte que éstos requieren. «Pueden, porque creen que pueden», rubricó el conferenciante este ejemplo con una frase del poeta romano Publio Virgilio Marón.

Cada día para desayunar la cultura se come a la estrategia»

Tras señalar que «no vivimos a la altura de nuestras capacidades sino de nuestras creencias», el ponente subrayó que «es la cultura la que lleva a una empresa a aplicar una estrategia mediocre o excelente». En este caso, Rovira recordó a Peter Drucker para tomar prestada una de sus célebres frase: «Cada día para desayunar la cultura se come a la estrategia».

Alex señaló, asimismo, que «en el proceso de transformación son más importantes las creencias que las capacidades», señalando que en todo cambio concurren la necesidad para acometerlo y la resistencia al mismo. «Hay elementos que nos retienen en la zona de confort que, a la larga, se convierte en zona de incomodidad», advirtió el conferenciante, para quien «la transformación supone un cambio con sentido».

«Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande»

En los equipos de alto rendimiento Alex Rovira identifica tres variables: respeto, admiración y amor mutuos, entendiendo este último aspecto «como la voluntad de comprenderse, de cuidarse y de inspirarse de manera recíproca». Recurriendo a la transformación y la excelencia que consiguen estos equipos, el conferenciante ilustró este ejemplo con una frase de José Ortega y Gasset: «Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos».

A continuación, el ponente acudió a unos datos que señalan que el 55% de los profesionales valoran con indiferencia a su jefe, frente a un 35% que lo consideran un desastre y un 10% para quienes su superior es extraordinario. Entre los atributos que generan confianza en el líder destaca, con diferencia, la integridad, con el 49% de personas que valoran esa virtud; a larga distancia de la visión, que aparece en segundo lugar con apenas un 15%. Rovira recordó las cinco virtudes que reclamaba Sócrates (prudencia, justicia, piedad, fortaleza y templanza) para conseguir un necesario equilibrio en la empresa, «donde no se pueden separar la psicología y la economía porque el proyecto no será sostenible».

«Debemos elegir la mejor actitud en cada instante»

Alex finalizó su exposición con un elogio del talento, de la aptitud, de la ética y, por supuesto, de la cultura, aglutinador de todos los factores que conducen a la transformación de las empresas y a alcanzar la excelencia. «Debemos elegir la mejor actitud en cada instante», animó a los presentes el conferenciante, subrayando que «la cultura es lo que tú haces cuando nadie te ve». 

Tras recordar a Schopenhauer y citar la frase «el azar reparte las cartas, pero nosotros las jugamos», Alex Rovira rubricó su celebrada exposición en la Plataforma de Negocio de Peldaño declarando que el reto reside en «poner la inteligencia al servicio del amor».